Ya
han pasado unos cuantos días desde que acabamos el
Brevet. Mi mente repasa ese día de ciclismo y todos
son buenos momentos o anécdotas. Desembarcamos en
el puerto de Almería a las 9:30 de la noche, y aun
teníamos que llegar a la Venta del Pobre. Distribuimos
las bicis en los coches y nos dirigimos rápidamente
hasta el punto de salida.
Aparcamos al lado de los ventanales que nos permitían
ver las bicis mientras cenábamos. Durante la cena
hubo de todo, desde calditos hasta callos! Una vez bien
cenados, y ya con prisas, nos vestimos de "mayoretes".
...una bomba,...donde está mi bidón,...las
pilas,...se me ve bien,...la foto. Todo esto aderezado con
risas y concurso de "tormentas".
Las
12:20 y por fin salimos en dirección a Carboneras.
Las sensaciones son extrañas, por un lado vas acojonadillo
(son 400km y una carretera que no conocemos) y por otro
lado vas pletórico (rodar de noche es realmente excitante).
Bajamos hacia la costa, y a todos los grupos de chicas (y
no tan "chicas") que van a los bares y chiringuitos
de copas, les saludamos, silbamos, y aullamos. Estas nos
devuelven el saludo un poco sorprendidas, y algunas nos
"invitan" a llevarlas. No sé cuanto llevaríamos
recorridos, pero el primer puertecito de la noche llegó
como un ladrón. La velocidad empezó a bajar
y las coronas a subir, por ahora intentábamos mantenernos
todos juntos, subiendo despacito, aunque esto no evitaba
que nos despegásemos del grupo de cola. Una a una
fueron cayendo las horas, y los puertos. El recorrido hasta
Águilas era un rompepiernas que nos estaba limando,
aunque no quisiéramos reconocerlo. En Águilas
paramos en un Hotel de 4* a sellar, el recepcionista nos
miró un poco "raro" pero nos selló
sin dudarlo. Fernando se quejaba que teníamos que
haber parado en un bar, pero yo tenía claro que donde
primero encontrase abierto allí sellaba. Menos mal
que hicimos eso, eran las 4 de la madrugada y allí
no había NADA abierto, ni un Pub's por el camino.
Al salir Fernando pinchó, paramos en una gasolinera
a reparar el pinchazo, e intentar ver por dónde teníamos
que ir. Teníamos que buscar Garrobillo. Para encontrar
el camino que llevaba a Garrobillo paramos a un chaval que
montaba en un quad, más o menos nos dirigió
hasta un camino de tierra. Una vez allí, asaltamos
a uno que no se atrevía a abrir las ventanillas del
Clío. Nos confirmó que al final de la pista
estaba la carretera hacia Garrobillo. Una vez en carretera
de nuevo, el rompepiernas continuó. Esto dividió
definitivamente al grupo en dos. Hasta llegar al Puerto
de Mazarrón, todo el camino fue un sube-baja, es
más a eso de las 6 de la madrugada una niebla espesa
hacía que fuéramos aún más prudentes
por la carretera, si subíamos a 10, bajábamos
a 8.
Por
fin llegamos al Puerto de Mazarrón (lugar de sellado),
que no es un puerto de montaña (Fili estaba acojonado)
sino que es un puerto de mar. Paramos en una gasolinera
a las 7 de la mañana a tomarnos un café, unos
bocatas y reponernos de agua y bebidas isotónicas.
(Fué el desayuno más caro que me he pegado.
Un café, un sándwich, dos barritas y un isostar:
8,50€ ¡aaagggg!). Hicimos quórum, teníamos
dos formas de llegar a Cartagena, un puerto corto pero durísimo,
o uno largo pero menos duro, aunque los mismos kilómetros.
Decidimos el largo y menos duro. Lo peor de todo esto es
montar de nuevo en la bici y aclimatar tus piernas de nuevo
al esfuerzo. Subimos y en la bajada, empezó a llover.
Una lluvia muy fina, pero que te mojaba. En esos momentos
todo te va molestando. 8:30 Llegada al submarino de Isaac
Peral, un grupo de ciclistas de Cartagena nos esperaba para
sellarnos y hacernos las fotos de rigor. Estábamos
locos por desayunar donde fuera. Nos dirigimos a una cafetería,
unos estiramientos, unos cafés y unas tostadas, y
a admirar el paisaje, que abrían Zara y estaban llegando
las "dependientas". En estas llegaron los del
"furgón de cola", más cafés
y más tostadas. Cuando acabamos, fuimos a visitar
a la madre de Caty, y aprovechamos y desayunamos, que no
solo se vive de dar pedales.
A
las 11 salimos de Cartagena, unos 230km nos separan de Almería.
Esta vez, para conocer la zona, vamos a subir por la parte
"más dura". Salimos todos agrupados, pero
enseguida nos dividiremos de nuevo. Prácticamente
en un momento llegamos de nuevo a la gasolinera del Puerto
de Mazarrón, sellamos y nos montamos, esta vez no
hay "vida social". Nuestra mente se centró
en llegar a Águilas. De nuevo, pero esta vez de día,
los puertos rompepiernas fueron apareciendo por el camino,
pero esta vez veíamos a lo que nos enfrentábamos.
No sé que sería peor, el no saber, o el ver
lo que queda. El camino hasta Águilas se me hizo
muy pesado, teníamos hambre y el coche de apoyo desapareció
junto con el resto del pelotón en Cartagena. Paramos
en un par de bares y o no tenían bocadillos o no
le gustaba a uno, o no le gustaba a otro, o no se paraba
porque en ese momento le venía mal a alguien.
Quisiera
poder explicaros que la capa de socialización que
tenemos cada uno de nosotros, desaparece conforme pasan
las horas y te vas agotando. Todo es más, el agotamiento,
la alegría, el fío, el calor, TODO. Finalmente
paramos en un chiringuito, (otro clavo), nos pedimos unas
cervezas, y unas tapas. En el momento de sellar nos dijo
que "no tengo sello", así que ha buscar
un sitio donde sellar. Paramos en la gasolinera donde reparamos
el pinchazo a la ida (esta vez si estaba abierta) y amablemente
nos sellaron. En ese momento apareció el coche de
apoyo, nos preguntó como estábamos y pararon
para comer. Nosotros continuamos la marcha hasta Carboneras.
Más de lo mismo, pero con viento. Los peores presagios
se hicieron realidad. Cuestas, viento y cansancio. Hasta
llegar a Carboneras los cinco componentes del pelotón,
nos mosqueamos, discutimos, nos hundimos, nos dimos ánimos,
nos reíamos, hicimos de todo con tal de llegar. Es
más al final ya, para no mosquearnos más entre
nosotros, hicimos frente común y pusimos a los del
coche de apoyo de vuelta y media porque ellos estaban comiendo
tan bien, y nosotros teníamos hambre y no los veíamos
por ningún sitio.
A
pocos kilómetros de Carboneras, Guille llegó
por fin con su Galloper, nos adelantó y nos indicó
que faltaban pocos kilómetros para el siguiente sello.
Carboneras. Paramos en mitad de una cuesta, y yo me senté
en el suelo, estaba hundido anímicamente, eran las
6 de la tarde y aun faltaban unos 80km, con 20km de puerto
continuo, y el camino desde la Venta del Pobre hasta Almería
que no recordaba muy bien. Comí algo de bollería
(estaba hasta los cojones de barritas energéticas,
L-carnitina y BCA's), tomé una Coca-Cola, y me dieron
bebida isotónica para el bidón. Con más
redaños, que otra cosa, atacamos la subida de Carboneras
hasta la Venta del Pobre, no sé cuanto estuvimos
subiendo, pero fue eterno. Cuando llegamos, sellamos en
la gasolinera y nos pusimos en marcha enseguida. No sé
si fue por la comida, porque estábamos cerca de Almería,
si porque conocía el camino (ruta obligada cuando
vengo de vacaciones y traigo la bici), el caso es que nos
pusimos a rodar a casi 35. Después de 340km en las
piernas, más de 18h en bici, aun nos quedaban fuerzas
para rodar. El camino era favorable, aunque el viento nos
daba de cara, pero las ganas de terminar eran más
fuertes. Almería. Hemos llegado, lo hemos conseguido.
No hay meta, no hay banderas, no hay vítores, tan
solo la satisfacción de haberlo terminado, y el abrazo
de tus compañeros de fatigas.
Balance
de daños: Pues
aunque suene raro, ninguno. Mucho estiramiento, mucha crema
solar, y mucha crema para las "posaderas". Eso
sí, gasté un hambre los días posteriores.