melilla ciclismo
Una ruta para el recuerdo
 
El I Alhucemas Bike Marathon deja un buen sabor de boca entre los participantes

 

Crónica: Daniel Reina

Una vez concluido el I Alhucemas Bike Marathon, toca hacer balance, analizar todos los aspectos que han podido influir en el desarrollo de este evento, donde la nota predominante ha sido el gran esfuerzo y sacrifico derrochado por todos y cada uno de los participantes.

Finalmente, el número de participantes que tomaron la salida fue de 13, más 2 coches de la organización, sumando la expedición un total de 15 personas. A unos 40 kilómetros de Alhucemas se uniría al grupo un ciclista más, que nos daría alcance en coche.

El factor climático, aunque no impidió la celebración de la actividad, se convertiría en un obstáculo más a superar por el pelotón, ya que en el trayecto de ida nos acompañaría durante toda la jornada un viento en contra de poniente, no demasiado fuerte, pero suficiente para incomodar con el paso de los kilómetros. Por este motivo, una vez superados los tramos de asfalto y cuando llegaba el terreno de pista, solo unos pocos dejaron la carretera, y los que lo hicieron, volvieron pasados unos kilómetros, para reservar algo de fuerzas, ya que aún había que encarar un tramo de 8 kilómetros con duras pendientes a la entrada a Alhucemas. Por otro lado, el grueso del pelotón iba con cierto retraso sobre el horario previsto y lo más lógico era tomar el camino más fácil y directo.

El domingo desechamos desde el inicio la posibilidad de tomar las pistas y el recorrido se realizó íntegramente por carretera. Esto adelantó la hora de llegada prevista, con lo que la expedición pasó la frontera de Beni Enzar sobre las 16:00 horas.

Primera Etapa - 16 de Septiembre

Partimos desde la sede de la Federación Melillense de Ciclismo a las 07:00 de la mañana, con 30 minutos de retraso sobre el horario previsto. Los trámites en la aduana de Beni Enzar se resolvieron en poco menos de media hora, ya que éramos los únicos presentes con intención de sellar pasaportes.

Sobre las 07:30 comenzamos a rodar con destino a Barrio Chino, tomando una pista paralela al perímetro fronterizo. Surgieron entonces los primeros problemas mecánicos, dos pinchazos y salidas de cadena, pero se solventaron con rapidez y por fortuna, ya no aparecieron en lo que restaba de ruta.

Bordeamos la frontera hasta Farhana, y desde allí tomamos rumbo a Beni Chiker (Zoco el Had), por la carretera antigua, que finaliza con un tramo de pista con bastante pendiente ascendente. En ese punto se reagrupaba el grupo y los coches de la organización.

Pocos metros superado el cruce de la carretera de Trara y Sammar, tomamos una pista a la izquierda, justo a la altura del río, donde pudimos disfrutar, después de algunos kilómetros de subida, de un rápido descenso. Retornamos a la carretera de Sammar y ya no la dejaríamos hasta las proximidades del río Kert, donde tomamos un pequeño "atajo", que se convirtió finalmente en un rodeo inútil debido a un error de navegación. Esto nos obligó a volver sobre nuestros pasos algunos metros para cruzar el río por un lugar con poco caudal, ya que nos dirigíamos hacia la playa, donde en principio parecía no haber modo de cruzar. Ya una vez en la carretera, pudimos observar desde lo alto que había una pequeña lengua de tierra en la orilla, que parecía suficiente para haber cruzado el río, pero se tomó la decisión menos arriesgada.

En este punto reagrupamos de nuevo al pelotón y los coches prestaron asistencia a los ciclistas con diversos alimentos sólidos y líquidos. El panel de carretera marcaba 92 kilómetros hasta Alhucemas, con lo que se llevaban recorridos 38.

Habíamos tomado la costa mediterránea y ya no la abandonaríamos hasta nuestro destino. Los primeros kilómetros se hicieron bastante duros para los menos preparados, ya que además del viento, la carretera describía un continuo sube y baja que no cesaría hasta la mitad del recorrido.

Se formaron varios grupos, con Javier Ferre y Ángel Plasencia a la cabeza, quienes pusieron un fuerte ritmo inalcanzable para el resto de ciclistas. Su llegada a Alhucemas se registró a las 16:00 horas, mientras que los siguientes concluyeron la primera etapa sobre las 18:30.

Sobre las 14:00 horas se realizó una parada que se prolongó durante unos 90 minutos, para comer y reponer fuerzas. Un pequeño morabo cerca de Afraud cumplió las funciones de campamento improvisado, con sombra para todos, y unas preciosas vistas al mar.

Se habían completado unos 70 kilómetros, superando el ecuador de la etapa. Eran las horas de mayor calor, con lo que había que aprovisionar a los ciclistas de líquido, como agua y bebidas isotónicas.

Tras es descanso nos esperaba una dura pendiente que nos llevaría de nuevo a la carretera, y a la dura realidad; un calor abrasador, viento en contra y 60 kilómetros aun por recorrer. Pero el espíritu del ciclista es el de superar las adversidades y afrontarlas con la mayor capacidad de sacrificio y esfuerzo posible.

Con los dos "fugados" próximos a finalizar la etapa, un tercero, José Avelino (Piraña), se sintió con fuerzas para forzar su ritmo y adelantarse, mientras que Dedy y Dani optaban por reservar fuerzas y seguir con una marcha menos. Entonces comenzaban los tramos de pista, por los que rodamos unos 15 kilómetros, para regresar al asfalto y avivar el ritmo.

A unos 30 kilómetros, entrando ya en la llanura próxima a Alhucemas, se realizó una segunda parada larga, donde todo el grupo, excepto Javier y Ángel, se unieron de nuevo. El último tramo antes de la "trampa" final era una larga e inacabable carretera llana, donde se podía rodar a un buen ritmo. Llegamos ya algo segregados al inicio de la subida, y la dureza de sus rampas se tomó algunas víctimas que optaron por subir al coche. A estas alturas ya había algunos retirados por diversos problemas físicos.

Poco a poco fueron llegando todos al hotel, y sobre las 20:00 horas ya no quedaba nadie en ruta. La primera etapa, con un total de 130 kilómetros, había concluido. La dureza de la jornada se reflejaba en los rostros de los participantes, cansados y quemados por el sol. A pesar de ser prevenidos, también las rozaduras amenazaban con complicar la etapa de vuelta.

Llegaba el momento de asearse y de buscar un lugar para cenar. Nos dirigimos al puerto, donde degustamos diferentes variedades de pescado. Volvimos al hotel donde tomamos un té mientras cada cual hacía su propio balance de la jornada, contaba sus anécdotas, etc....

Lo siguiente era aprovechar al máximo la noche para descansar y recobrar fuerzas para encarar el mismo recorrido, pero a la inversa.

Segunda Etapa - 17 de Septiembre

Sobre las 07:30 convocamos al grupo para desayunar y repartir alimentos. La salida de la segunda etapa se produjo sobre las 08:00, con algunas pendientes para calentar, si bien el inicio era en su mayor parte descendente. Luego el gran tramo de llano que fue superado por el grupo de cabeza a una velocidad media de 35 km/h., gracias al empuje de Guille, Joaquín, los cuales no acumulaban la fatiga de la etapa anterior, ya que el primero realizó el trayecto en uno de los coches de apoyo, y el segundo se incorporó al recorrido a falta de unos 40 kilómetros para la conclusión. También los dos hombres fuertes del pelotón, Javier y Ángel, entraban al relevo.

Algunos decidieron desde el inicio que no se encontraban en condiciones para afrontar el segundo asalto, otros cedieron debido al fuerte ritmo impuesto por el grupo de cabeza, que quedó formado por Javier Ferre, Ángel Plasencia, Guillermo Moreno, Joaquín García, Mohamed Laarbi (Dedy) y José Avelino (Piraña).

Mucho más rezagados quedaban Daniel Reina, Nacho Cabo, que tras los primeros kilómetros en coche se animó a rodar de nuevo; Yusef Amar, que también estuvo algunos kilómetros en el coche, Carlos Baeza, Yair Vázquez y su padre, José Miguel.

El grupo de cabeza llegó a las inmediaciones de Sammar sobre las 13:00 horas, y la organización decidió adelantar en los coches a los rezagados para realizar la comida en grupo. Después del almuerzo y del descanso, tan solo los que se encontraban más fuertes prosiguieron sobre la bicicleta, mientras que los rezagados ya no se bajaron del coche hasta la frontera. De este modo se llegaba a Beni Enzar sobre las 16:00 horas, dando por concluida la actividad con la llegada a la sede de la Federación de Ciclismo una hora más tarde, después de realizar los pertinentes trámites aduaneros.

En definitiva, se vivieron dos jornadas de ciclismo muy intensas, con un total de 260 kilómetros para los que consiguieron completar las dos etapas, mientras que los que menos recorrido realizaron sumaron más de 200.

No hubo grandes problemas o errores organizativos, más bien falta de recursos, que se solventaron de forma positiva gracias a la voluntad y dedicación de los acompañantes que prestaron asistencia a los sufridos ciclistas.

Quizás este trazado, que actualmente se encuentra asfaltado en su totalidad hasta Alhucemas, y que en el pasado era pista, ya no sea el más propicio para una ruta en bicicleta de montaña, pues cualquiera que tenga ligeros conocimientos sobre este deporte, sabrá que los kilómetros sobre asfalto, rodando con una mountain bike, se hacen mucho más pesados que circulando con una bicicleta de carretera. Además, se trata de un asfalto granulado, aumentando el rozamiento con las cubiertas de tacos. Por ello, es muy posible que en próximas ediciones se modifique el formato de esta ruta para realizarla sobre bicicletas de carretera.

Para la próxima temporada es muy probable que dentro de las actividades de cicloturismo sobre bicicletas todo terreno, se incluya junto a la marcha BTT Melilla-Cabo Tres Forcas, la vuelta al monte Gurugú, cuyo trazado ya está definido, con un 95% de pistas y caminos, y una distancia de unos 65 Km.

 

Alhucemas, una ciudad unida a la historia de España

Alhucemas crece a orillas del Mediterráneo. Alhucemas, ciudad marroquí a orillas del Mediterráneo, está unida a la historia de España de forma indeleble. No sólo fueron españoles los que fundaron la actual villa en las faldas del Rif, sino que en su famosa bahía se produjo, en 1925, el desembarco que pondría fin a la larga y cruenta guerra colonial con Marruecos.

Un 8 de septiembre de hace 79 años marcó un antes y un después en el devenir de la bahía de Alhucemas, un bello paraje natural situado muy cerca de Melilla. En esa fecha las tropas españolas, al mando del general Sanjurjo, desembarcaron en las playas, ahora a rebosar de turistas, con el objeto de aplastar a la rebelión de los rifeños comandada por el guerrillero Abd el-Krim.

Este antiguo oficial de la armada española mantenía en jaque a las tropas desde que se refugiara en las montañas para liderar un movimiento de liberación que pusiera fin al control extranjero de Marruecos, por aquel entonces colonia española y francesa. Una amenaza que se concretó en 1921 con el desastre de Annual, en el que la poca pericia de los mandos nacionales condujo a miles de soldados a una muerte segura. Esta catástrofe dio comienzo al declive de la figura de Alfonso XIII.

Alhucemas supuso una aplastante victoria que condujo a la total pacificación del Rif, consolidó la dictadura de Primo de Rivera y condujo a establecer en la zona una nueva ciudad a 330 kilómetros de Tánger sobre los restos de Al Hoceima, nombre árabe del asentamiento que existió en la bahía en el siglo XVII, poco antes de que las tropas de Felipe IV conquistaran la zona en 1668.

La ciudad tal y como la conocemos fue fundada por los españoles, si bien ahora su aire marroquí es palpable, quedando tan sólo restos de la arquitectura hispánica, como la sede del Colegio Español. Hispanizado su nombre a Alhucemas, fue durante años conocida como Villa Sanjurjo, tal y como el monarca español bautizó a la recién nacida ciudad, en honor al general que dirigió el exitoso desembarco.

Pero el pasado de Alhucemas se remonta algunos siglos más atrás, cuando en plena Edad Media este trozo de tierra, conocido como 'taghzout' (tierra fértil en árabe) estaba casi totalmente separado por las aguas del resto de Marruecos. En esta época floreció el efímero emirato de Nekor.

Desde la independencia del país en 1956, Alhucemas se convirtió en un centro turístico frecuentado por españoles y europeos atraídos por sus playas, en especial Playa Quemada, y por la belleza de su entorno, enclavado entre la cordillera del Rif y las aguas del Mediterráneo. Unas aguas donde España aún mantiene un vestigio de su pasado dominio, el diminuto peñón de Alhucemas, tan cerca de la costa que casi podría tocarse con la mano.